miércoles, 23 de abril de 2014

Reflexiones para el Día del Libro

Este día es especial para mi, porque me toca celebrarlo no solo como escritora y amante de los libros, sino como editora, uno de los palos que toca mi empresa ShotWords. Cierto vértigo, ilusión y curiosidad me invaden en un día tan señalado. Una echa la vista atrás y no sabe aún muy bien cómo ha llegado hasta aquí, aunque sí el por qué.

Una mañana me desperté del éxito que tenía como guionista de TV y el prestigio como dramaturga preguntándome si había llegado ya hasta donde quería. Había algo que llevaba acompañándome toda la vida, la afición por la literatura de género de terror y ciencia ficción y por la literatura infantil y juvenil en los últimos años, y que alimentaba a base de libros sacados de la biblioteca, ingentes compras en Amazon y ferias del libro y sobre todo, asistiendo a talleres en la Escuela de Escritores y la Escuela de Fantasía. En sus aulas me reencontré con la poesía y relato, en realidad mis comienzos en la escritura cuando era una adolescente. Pero sobre todo, gracias al aliento de mis profesores, me di cuenta de que el gusanillo de la creación literaria de género anidaba en mi y que éste jamás se vería satisfecho en un panorama televisivo poco dado a las apuestas arriesgadas.

Empezó así una tímida andadura algo irregular en el mundo de la literatura fantástica, infantil y juvenil. Relatos de terror en fanzines y webs latinoamericanas, publicación digital de mi primera novela para niños… Hasta que llegó la idea de montar una editorial para materializar con decisión los sueños literarios. El resto, ya se ha contado en este mismo blog en anteriores ocasiones. La editorial pasó a ser una empresa creadora y productora de contenidos transmedia, una nueva forma de hacer literatura a la que el género fantástico y el público más joven le venía que ni pintado.

Además del sueño de publicar novelas de estas características, otra de mis pasiones, la ilustración y el dibujo, se hacían también realidad al contar en Shot Words con el talento y la ilusión de dos excelentes dibujantes, Sara Velázquez y Jae Tanaka, que han dado imagen a mis palabras de una forma tan magistral que aún cuando las veo se me saltan las lágrimas. 

De pequeña recuerdo que me lamentaba, rodeada de hermanos artistas, de no haber heredado el don de mi padre para los pinceles. Me reconforta pensar que heredé otro, el de la escritura, y que el tiempo me ha enseñado a que sean los que poseen el talento de la plástica quienes den luz y color a mis hojas  blancas moteadas de negro.

Hoy, este día del libro del 2014, será para mi una fecha especial. Porque es el día en el que eché la vista atrás para decirme a misma me siento muy afortunada. Afortunada de haber encontrado el valor y las palabras adecuadas para escribir dos novelas. Afortunada porque yo misma, acompañada de unos socios maravillosos y un equipo excelente, las he editado.

Afortunada porque me queda vista en los ojos para seguir leyendo, corazón para seguir echando pasión a lo que escribo, cabeza para seguir construyendo mundos y coraje para seguir encontrar caminos en un mundo difícil y maravilloso en el que aún quedan muchos libros por leer y escribir.

Larga vida al libro.




sábado, 12 de abril de 2014

Costó pero ya es una realidad

Muchos meses de trabajo, más aún de reuniones, esfuerzos, puesta a punto, dinero, más reuniones, más pensar… Y escribir mucho.

Mis socios Daniel Strömbeck y Eduardo Martínez y nuestros colaboradores Raquel Nieto, Moisés Robles, Sara Velázquez y Javier Almazán, ya podemos presumir de web de empresa: www.shotwords.com

Ha sido un camino largo que ahora nos colma de felicidad e ilusión, aunque sabemos que aún hay mucho que recorrer. Por lo pronto, nuestros tres primeros libros, uno de ellos un ensayo que recoge nuestra investigación sobre narrativa transmedia y ciberliteratura en el siglo XXI, y tres novelas ejes de universos transmedia que hemos creado, saldrán a la venta entre mayo y junio. A partir de ahí, a seguir creciendo y construyendo.



Nuestro misión: generar y producir historias transmedia para las que desarrollamos también la imagen gráfica y visual y donde creamos y desarrollamos universos narrativos de género fantástico y aventura para distintos públicos proponiendo nuevos tipos de narraciones sin hilo conductor lineal (inicio, nudo y desenlace) con el fin de promover la interactividad del usuario y el uso de la tecnología en la narrativa.



En el universo transmedia La Tabla del rey Salomón, hemos fantaseado con la historia oculta de España: todo nuestro devenir ha estado ligado a un objeto legendario. En el universo steampunk Circus, retratamos la Europa de principios del 1900 que empieza a vivir con curiosidad y cautela los prodigios de la ciencia en el nuevo siglo (una situación paralela a la que vivimos ahora). En el universo infantil de misterio y diversión Anita Cazafantasmas, mostramos la cultura precolombina y la visita de los extraterrestres a nuestro mundo a partir de diversas teorías a las que se enfrenta una niña desde su silla de ruedas. El universo de terror para adultos Penumbra juega con una siniestra realidad paralela cuyas puertas están ocultas en los monumentos más emblemáticos de nuestras ciudades.



ShotWords es más que un reto empresarial. Para mi, es un reto sin precedentes como narradora. Un antes y un después en una carrera que durante años ha versado en contar historias. Ahora, esas historias no tienen fin, se expanden por distintas plataformas que se rigen por sus propios códigos narrativos, muchos de ellos aún por inventar. A mis cuarenta años y veinte de carreras, ShotWords es para mi como comenzar de nuevo. Vertiginoso y excitante, ¿no os parece? Os invito a acompañarme en esta nueva aventura…




jueves, 30 de enero de 2014

Empieza un nuevo año

Precisamente mi última entrada en esta bitácora, que no en este blog pues en la pestaña Noticias voy colgando con regularidad mis estrenos, premios y publicaciones, hablaba de un cambio de vida. Éste ha sido el causante de mi abandono de la bitácora, donde por otro lado sólo escribo si lo considero importante (no estamos para perder el tiempo leyendo tonterías que hay mucha lectura en la red).

¿En qué ha consistido finalmente el cambio de vida? En un estrés que te cagas; una tensión que me hacía saltar a la primera y estar negativa con todos y con todo; mayores exigencias para conmigo (y por añadidura con los demás)… Bueno, y otras cosas buenas. He aprendido mucho, me he relajado a la hora de liderar un equipo; creo que he madurado bastante, a pasos agigantados, como escritora y como empresaria (en este sentido aún me queda mucho, pero ya es inevitable, siempre supe que acabaría montando mi propio lo que sea).

Desde octubre hasta ahora el esfuerzo y el tiempo dedicado han sido titánicos. He tenido que dejar cosas de lado (mi inglés, la bitácora, la televisión que he ido retomando poco a poco…) En Navidades tuve que parar porque me iba a dar algo. ShotWords se lanzará en mayo, aunque la Web y algunos de sus libros saldrán antes, a finales de febrero. Hasta entonces, todavía queda un buen tirón, pero la verdad es que estamos muy contentos y animados, sobre todo desde estas Navidades que todo tomó forma y entraron los colaboradores y el nuevo socio, que imprimieron una energía y una ilusión que a Eduardo y a mi nos supo a gloria. Desde aquí gracias a Javier Almazán, Sara Vega y a nuestro socio Daniel Strombeck por su increíble trabajo.

Al tiempo que le he dedicado a SW se le suma mi salto al cine como guionista con la asociación entre Antonio Velázquez y yo, algo que ha surgido de manera espontánea y casi los dos sin proponérnoslo, pero ahí estamos, peleando la mar de felices por sacar adelante las historias que queremos contar juntos en cine y teatro; y mi labor el en colegio de mi hijo, donde he puesto en marcha varios proyectos culturales como una revista, talleres y un rincón de crítica literaria, y además, fui una d ellas tres madres que ganó las elecciones al Consejo Escolar. Vaya, que parar lo que se dice parar, no he parado.

En vista de todo ello, no voy a hacer una lista de propósitos para Año Nuevo como suelo hacer. Bastante tengo con mantener y llevar a buen puerto todo esto que empecé el pasado otoño…




miércoles, 30 de octubre de 2013

Cambiando de vida

Este fin de semana leí un interesante artículo en El País acerca de la búsqueda de empleo. Se llamaba LA MUERTE DEL CURRICULUM VITAE y lo firmaba Borja Vilaseca. Venía a decir poco más o menos algo que yo ya sufrí en mis carnes hace dos años: el trabajo estable se ha terminado; eso de que nos den empleo se acabó; el sistema industrial ha hecho crack; la educación para este sistema ya es obsoleta; y las instituciones públicas no pueden soportar tanta demanda, bien sea por mala gestión bien por un crecimiento de la población desmesurado. Tomar las riendas de nuestra vida, entrenar la inteligencia financiera, descubrir el propósito porfesional, cultivar nuestra inteligencia emocional, cambiar de mentalidad, hacer algo que nos apasione, decidir el rol laboral, creer en uno mismo, o desarrollar la marca personal eran algunos de los puntos que trataba el artículo.

Ha eso me he estado dedicando los dos últimos años. Ha sido duro, agotador e intenso. Estar en la cuerda floja no le gusta a nadie. La impotencia dio paso a la depresión, ésta luego al cabreo y del cabreo a la toma de decisiones. No podía seguir pensando que la televisión me iba a dar de comer para siempre. Además, era el momento de decidir yo misma las historias que quería contar. Dos años de formación agotadora sobre tecnologías, redes, negocios culturales, nuevas formas narrativas, géneros, idiomas... Un estrés, la verdad, y más teniendo a mi cargo a un niño pequeño. Pero ahora puedo decir que estoy contenta y feliz. 

       CIRCUs
Me dispongo a dar el salto al cine en los términos que yo quería, con una historia propia y un compañero de viaje excepcional. Estoy a punto de digitalizar toda mi obra dramática, rama de mi carrera en la que también he decidido dar un giro y regresar a la dirección y producción de mis propios textos, justo tal y como hice diez años atrás, cuando un sistema de subvenciones que no incentivaron para nada la creación de una industria teatral me hizo desistir de ser empresaria.

Y por último ShotWords da al fin el salto al vacío. Como ya hemos contado en el blog dos de nosotros montamos editorial dedicada a la narrativa transmedia. Por el camino se nos han unido compañeros entusiastas y muy creativos que nos han animado en nuestro empeño. La crisis al final ha sido para mi una oportunidad. He podido tomar las riendas de mi vida creativa que tengo la sensación ha estado en manos de otros en los últimos tiempos. 


Esto también me ha hecho darme cuenta de lo mal aprovechados que estamos los trabajadores con talento y capacidad en este país. Estoy segura de que cualquier empresario norteamericano habría sacado más partido de alguien como yo, con un perfil profesional tan completo y con tal capacidad de iniciativa e inventiva, de lo que lo han hecho los empresarios españoles quienes a fin de cuentas miran por su dinero sin pensar más allá. El bien común, el crecimiento colectivo, nos beneficia a todos a la larga. Por eso, creo que la crisis me ha beneficiado, pues seré yo ahora misma, en mi propia empresa, la que me saque partido. 

Todo esto no lo cuento aquí para echarme flores, sino para estimular a quienes me lean. Estoy seguro de que valéis más de lo que os creéis. Es más, estoy convencida de que al sistema que ha imperado desde la Revolución Industrial de finales del 1800 no le ha interesado en absoluto que penséis en vuestra valía y vuestras verdaderas posibilidades. Y los empresarios españoles no les interesa nada más allá de su casa en la Moraleja y mantener su coche caro siempre a punto. 

Por eso, os animo primero a leer el artículo que arriba referenciaba en este link y luego que reflexionéis sobre ello. Se que muchos dirán: "pero es cuestión de carácter", "yo para eso no sirvo", "no soy tan valiente como tú"... Bueno, como dice mi maestro de yoga cuando estoy a punto de rendirme ante una postura: "el yoga no es una cuestión de fuerza, sino de voluntad".


viernes, 11 de octubre de 2013

El chico huevo, homenaje a Tim Burton


Porque gracias a él, la fantasía sigue viva.

Minipieza teatral para padres y madres sin prejuicios ni sobreproteccionismos.


Chico Huevo, de aspecto bonachón y cabeza de huevo, da vueltas en la cama.
Mira por la ventana. Suspira.
Mira al techo. Suspira más fuerte.
Se gira entre las sábanas y se coloca boca abajo. Nada. Prueba otra vez boca arriba, con las piernas bien abiertas en la cama. Tampoco.

Enciende la luz y comienza a leer, con la esperanza de que así le entre sueño. Pero lo único que consigue es despertar a su hermana, más pequeña y de aspecto cursi con cabeza de pelota de pin pon. Ella se enfada.

CHICA PIN PON: Me has despertado.

CHICO HUEVO: No puedo dormir.

CHICA PIN PON: No puedes dormir porque tienes cara de huevo. Si te tapas la nariz, te inflarás como un globo y conseguirás que tu cara sea redonda, como la de todos los niños.

El Chico Huevo se queda pensativo.

CHICO HUEVO: ¿Y así podré dormir?

CHICA PIN PON: Sólo los niños con cara redonda como la mía pueden dormir.

Su hermana se da la media vuelta y trata nuevamente de conciliar el sueño. El Chico Huevo, tras unos instantes de meditación, decide hacerle caso. Se tapa la nariz y aguanta la respiración. Cuenta: uno, dos, tres, cuatro… Pero lejos de que se le ponga la cara redonda como una pelota, se pone morado como una berenjena. Agobiado, se suelta la nariz y toma aire ansiosamente para poder recuperarse.

CHICO HUEVO: No ha funcionado.

Su hermana le mira.

CHICO HUEVO: No se me ha puesto la cara redonda, sino morada…

CHICA PIN PON: Prueba a ponerte con la cabeza hacia abajo.

CHICO HUEVO: ¿Cómo cuando tengo hipo?

CHICA PIN PON: ¡Siiiiiiiiiii! Deja que todo el peso de tu cuerpo caiga sobre tu cabeza de huevo.

El Chico Huevo hace el pino sobre la cama.

CHICO HUEVO: ¿Así?

CHICA PIN PON: Sí. Así, se te pondrá la cara chata. Y entonces, podrás dormirte. ¡Y yo, también!

El Chico Huevo obedece y aguanta… Y aguanta… Cargado de esperanza. Pasan los segundos, las manos que le ayudan a no perder el equilibrio, le tiemblan, pero él resiste. Se concentra y controla el temblor. Acto seguido, son sus piernas las que flaquean…


Chico Huevo cierra los ojos y las estira lentamente con toda la concentración de la que es capaz de almacenar en su cabeza de huevo. Con tanto esfuerzo, en lugar de chata, la cara se le pone colorada.

Exhausto, cae de bruces en la cama y se hace daño en la nariz.

CHICO HUEVO: Ay, ay, ay…

CHICA PIN PON: ¡Es que no aguantas nada! Por eso no funciona.

CHICO HUEVO: Será que tengo la cabeza demasiado ahuevada…

CHICA PINPON: ¡Ya lo tengo! Prueba a ponerte la almohada en la cara. Si lo haces, se te quedará aplastada y podremos dormir.

CHICO HUEVO: ¿Seguro?

CHICA PINPON: ¡Que siiiiiiiiiiiiiiiii! Pero ten paciencia esta vez.

Una vez más, el Chico Huevo le hace caso a su hermana. Coge la almohada. Toma aire profundamente hasta inflarse los carrillos…

CHICA PIN PON: Uno, dos y… ¡Tres!

Chico Huevo se tumba en la cama y se coloca la almohada sobre su cara de huevo. La aprieta con fuerza y permanece inmóvil unos segundos. Pero, pronto, empieza a moverse inquieto.

CHICA PIN PON: ¡Aguanta, aguanta!

CHICO HUEVO: Pero si no puedo respirar…

CHICA PIN PON: Aguanta, aguanta más.

CHICO HUEVO: Si está oscuro…

CHICA PIN PON: Aguanta para que se te aplaste la cara.

CHICO HUEVO: ¡Prefiero seguir con mi cara de huevo!

La Chica Pin Pon se levanta y ella misma le aplasta la almohada aprisionándola sobre su cara.

CHICA PIN PON: Si no pierdes la cara de huevo, nunca dormirás.

Chico Huevo se mueve confuso bajo la almohada que sujeta su hermana. Chico Huevo hace aspavientos con los brazos y patalea con  las piernas.

CHICA PIN PON: ¡Aguanta! ¡No seas plasta!

Y al fin, Chico Huevo, se descascarilla y de él sale un precioso pollito amarillo.

POLLITO: Pío, pío… pío, pío.

CHICA PIN PON: Oh, que pollito más bonito escondía la cabeza de huevo de mi hermano. Por eso, el pobre, no podía dormir.

La Chica Pin Pon coge el pollito y lo mete en su cama.

CHICA PIN PON: Ahora, a dormir.

A la mañana siguiente, cuando la niña se despertó vio que el pollito ya había crecido. Se había convertido en un precioso cisne que echó a volar por la ventana y surcó las nubes hasta perderse en el cielo azul.



viernes, 27 de septiembre de 2013

Educar en la cultura

Hace poco tuve el placer de disfrutar de una cena con la recién doctorada Susana Baez, profesora de literatura española en la Universidad Autónoma de Ciudad Juarez y que no solo es una estudiosa de mi obra sino una gran difusora de mis textos gracias a los congresos y simposios en las que habla de ellos y las muchas revistas en las que me invita a colaborar.

Durante la cena hablamos de teatro, política, sociedad y de nuestros hijos, pues las dos somos madres y hemos tenido que compaginar nuestras vidas profesionales con la crianza de los niños. Sobre la mesa pusimos las acciones que cada una lleva a cabo para que nuestros hijos amen la cultura y sientan respeto e interés por ella. A Susana le pareció tan interesante lo que yo hacía con Hugo que me sugirió escribir un libro dirigido a otros padres y que se llamase "Educar a nuestros hijos en el amor a la cultura" o algo similar. 

Francamente, no pensaba que la forma de educar a mi hijo pudiese tener el menor valor académico ni editorial. Cuando les educamos hay algo de instinto, cerebro y corazón en proporciones que varían de un progenitor a otro según el carácter. Hacemos lo que creemos que es mejor con la duda constante de si nos equivocamos o no, en esto de "ensayo-error" que es criar hijos. Yo hago lo que hago a sabiendas de que muchos diferirán, simplemente porque conmigo lo hicieron y funcionó. Así que quizá ese libro debería escribirlo a medias con mis padres, que lograron con éxito que sus siete hijos no solo se interesasen por el conocimiento y la cultura sino que la mayoría lo convertimos en nuestra razón de ser o una profesión.

¿Qué hago con mi hijo para educarle en el amor por la cultura? Básicamente, estos sencillos pasos:

1.- Desde que era un bebé de apenas dos meses, llevarlo a los museos y a las exposiciones. Por supuesto que lloraba, podía ser un incordio y hay una fase en la que solo le interesan los pasillos del museo para corretear por ellos. Pero esta es una inversión a largo plazo. Cada vez nos desesperamos antes, tenemos menos paciencia y esperamos resultados inmediatos. Educar en la cultura o en lo que sea es una inversión de tiempo y esfuerzo que no da frutos hasta mucho después. Tampoco se le puede llevar a museos y exposiciones si no vamos a explicarles nada de lo que están viendo ni hacemos que interactúen con las piezas a modo de juego. "¿Qué ves aquí? Ayúdame a encontrar una flor roja en este cuadro, etc." Las exposiciones a las que les llevemos deben ser atractivas para ellos, contener esas cosas que vemos que les interesan. Y para eso hay que aprender a escuchar a nuestros hijos.

2.- Llevarles a la biblioteca. No vale eso de que "no lo necesita porque en casa hay muchos libros". Es fundamental que el niño conozca espacios dedicados a la cultura y se relacione con ellos. Además, la biblioteca le ayuda a seleccionar por sí mismo lo que le interesa, contribuyendo con ello a definir sus gustos. No basta con leerle en casa. Y por otro lado, ¿qué les leemos? Durante los primeros años seleccioné cuidadosamente los libros que le compraba o sacaba de la biblioteca eligiendo cuidadosamente los que más estimularían su sensibilidad artística: los álbumes ilustrados. A edades tempranas, la historia es lo de menos. La relación del niño con el libro es lúdica y visual. Importa la imagen, no la palabra. "Yo le cuento el cuento de los Tres cerditos". No es suficiente. De hecho, los niños no tienen capacidad de entender una historia antes de los tres años por lo que mejor que contarle un cuento, que mire un álbum ilustrado por los mejores y más interesantes ilustradores del mundo. Esta es otra forma de que aprecien el arte desde pequeños. Otro espacio para la cultura es la librería. Que nos acompañen a comprar nuestros libros, los suyos o los de ese regalo que vamos a hacerle a su amiguito, que por cierto, mejor regalar un libro que un juguete...

3.- Llevarles al cine en cuanto tengan edad y dosificar las películas que ven en casa. El hecho de ir al cine debe ser un acontecimiento especial, solo así aprenderán a valorar el esfuerzo y el valor artístico y cultural de una película. "Yo no llevo a los niños al cine porque como me lo descargo todo de Internet..." Si les enseñamos qué fácil es piratear, que a un golpe de click se puede tener la peli que se quiera en el ordenador, estaremos no solo destruyendo lo más valioso de un país, su industria cultural, sino que no les estaremos aportando nada a nuestros hijos. La saturación de películas a los que les sometemos hoy en día es tan mala como la de juguetes o la de chucherías. Se acaba convirtiendo en un consumo de usar y tirar. Mi hijo me dijo este verano que era maravilloso ir al cine y que le encantaba que le llevase. Le pregunté por qué y me contestó tres cosas determinantes: 

       - porque voy con mamá (el cine como acontecimiento afectivo, eso especial que se hace con   mamá... Más tarde, cuando vaya con sus amigos será un acto social y cuando lo haga con su novia, volverá a ser algo afectivo).
          - porque todo se pone oscuro y las imágenes son muy grandes (la magia del cine, algo que jamás se conseguirá de la misma forma en casa).
         - y por las palomitas... (el momento de ocio, de relax, de hacer algo que no se hace habitualmente, que es comer palomitas, que mi hijo solo y exclusivamente come en el cine o cuando le montamos el cine en casa, esto es sacamos una peli de la biblioteca y la ve el sábado por la tarde, con papá y mamá, las persianas bajadas, los tres juntos compartiendo un momento único y una peli que él ha elegido ver con nosotros).

4.- Llevarlo al teatro. En mi caso juego con ventaja y al ser parte de la profesión de sus padres, Hugo no lo siente como algo especial, sino como algo cotidiano. Ahora hemos empezado a jugar a "hacer teatro en casa". Mi hermano le regaló un teatro de marionetas y de vez en cuando lo montamos y cada uno debe representarle una historia al otro. Por supuesto, cualquiera de sus juguetes puede convertirse en protagonista de una historieta...

5.- Llevarlo a conciertos. ¿Por qúe no? En Madrid tenemos la suerte de que hay muchos espacios a los que pueden asistir los niños a escuchar música. ¡Incluso música electrónica o rock, que les flipa mucho más que la clásica y pueden bailar y brincar!

6.- Por favor, que viajen... Al extranjero en la medida de lo posible... O al menos a una comunidad autónoma que no tenga nada que ver con la propia. Los padres no viajan con sus hijos en muchos casos por la pereza logística que supone... No lo dudo, pero, ¿se han planteado esos padres viajar con menos?¿De verdad todo lo que piensan llevar es necesario? Otros creen que no sirve da nada sacarlos al extranjero tan pronto: "¿para qué, si no se va a acordar de nada cuando sea mayor?" Otra vez la impaciencia... Esto es sembrar y recoger... Lo que les damos ahora se va quedando ahí, en una parte de sus vivencias, de su memoria emotiva, de su bagaje cultural. Nosotros llevamos un año comprobando los enormes frutos que le ha dado a nuestro hijo viajar desde los dos meses de edad. La autonomía que ha ganado, la desenvoltura con la que se mueve y se ubica. La inquietud por conocer más... La tolerancia hacia otras formas de pensar o entender la vida... El respeto hacia otros comportamientos. Viajar es la mayor forma de educar en la cultura que hay.

Y después de leer todo esto... ¿No os parece absurdo, papás y mamás, qué nos enfademos porque en nuestro colegio no hay extraescolares que estimulen la creatividad de nuestros niños o que despotriquemos de Wert y sus polémicas reformas si nosotros mismos no hacemos nada por educarles en la cultura?








sábado, 14 de septiembre de 2013

Gardenias

Otro texto de mi colección REALIDAD PERTURBADA. Empezamos así los cuarenta añitos...


A ella le gustaban las gardenias. Eran su pasión, aunque no siempre había sido así. Su obsesión por estas flores empezó por azar, como suceden estas cosas. Él se las había regalado el día que la abandonó, como para disculparse de la miseria emocional en la que la dejaba hundida. Lo curioso es que antes de aquel regalo ella nunca había reparado mucho en las flores. Ni en las gardenias ni en ninguna otra. Cuando el ramo acabó por marchitarse en el jarrón que una amiga le había regalado y que nunca antes de las famosas gardenias había sido habitado, ella se sintió morir. Y no porque con el ramo mustio moría su amor, pues eso ya había sucedido, al menos por parte de él, hacía tiempo. Es que las flores le hacían compañía, había reflexionado ella. Eran bellas, suntuosas, excesivas y creaban una presencia en el salón de su casa tal, que sin ellas se sentía sola. 

En la floristería, la dependienta la atendió feliz de que al fin entrase en su tienda aquella chica que siempre pasaba por delante de su establecimiento con el desdén de quien ni mira los cactus de la entrada que toda florista coloca en la puerta como reclamo. A la florista le sorprendió el repentino interés por una flor no precisamente barata, así que la colmó con todo lujo de detalles sobre la vida y obra de las gardenias, lo delicadas que eran, el esmero con el que había que cuidarlas, la mejor época del año para plantarlas... 

Ella se fue a casa con cinco macetas de gardenias, todas las que había en la tienda. Las colocó en el salón, que ahora parecía una funeraria. Pero no tardó en darse cuenta de que echaba de menos su blancura, su intenso olor y su aplomo cuando estaba en otras estancias de la casa. Recorrió todas las floristerías del barrio y una a una las fue dejando sin gardenias, que ahora habitaban en su baño, el dormitorio y la cocina. No fue suficiente y aunque notaba que al entrar en casa se mareaba, perdía el sentido y su noción de las cosas quedaba adormecida por aquel olor denso y embriagador, ella siguió comprando gardenias. En la ventana que daba al patio, en la del pasillo, flanqueando la puerta de su casa y en el descansillo, las gardenias estaban allá donde se mirara, como una extraña presencia. 

Ella recorrió más floristerías, cada vez más lejos de casa y hasta llegó a buscar en otras ciudades. y así empezó el asunto de las semillas...

Levantó esta baldosa aquí, aquella allá. Un poco de tierra, abono, algo de agua y a sembrar gardenias por toda la casa. La vecina de abajo seguro no iba a notar que las raíces de sus flores se asomaban por su techo como para espiarla, pues era una señora de noventa años, sorda y medio ciega. 

Pronto, ella tuvo que dejar de ir al trabajo. Tanta gardenia le quitaba demasiado tiempo. Requerían de toda su atención y esmero, le exigían cada vez más. Eran soberbias, un poco engreídas incluso. Pero a ella no le importaba, había aprendido a amarlas tal y como eran, con sus exigencias, su olor penetrante, su abrumadora presencia de princesa de cuento ñoño.

Ellas crecían, alimentadas por el calor y el cariño que ella les daba, por las horas de sueño que le robaban, por la vida que poco a poco las gardenias, egoístas ellas, le arrebataban. Caminaba por el jardín que ahora era su casa sin rumbo fijo, de una gardenia a otra, sin atreverse a pisar demasiado fuerte no fuese a aplastarlas. Dejó de beber agua, simplemente porque se le olvidaba. Más tarde dejó de dormir o dormía todo el tiempo, ya no lo tenía claro. Las gardenias la sumían en un letargo continuo, o inexistente. Era un cuerpo sin alma, mientras que ellas estaban repletas de vida, hermosas, la misma hermosura que a ella le faltaba desde que la primera gardenia había entrado por la puerta de su casa. Siempre llena de barro, la camiseta como una hoja de cuaderno emborronada, descalza para no hacerles daño, a sus gardenias, preciosas ellas, ¡qué importaba lo demás mientras ellas estuviesen allí! haciéndole esa compañía que sin darse cuenta se le había hecho tan imprescindible que ella ya no contaba para nada en su propia vida. Las gardenias crecían y crecían hasta donde esas plantas pueden llegar a crecer, mientras que ella empequeñecía y acababa convertida en un huésped de su propia existencia. 

Foto de Gregory Crewdson
Un día a la vecina se le cayó el techo encima y las gardenias resistieron allá arriba, en casa de aquella joven a la que hacía tanto tiempo que no veía, agarradas unas a otras como esas malas hierbas que se aferran a una tumba.